El Consejero de Presidencia, Justicia e Interior, al dictado de la hostelería.

Esta Asociación ha presentado alegaciones al Proyecto de orden del Consejero de Presidencia, Justicia e Interior, por la que se establece el régimen relativo a los horarios de los locales de espectáculos públicos y actividades recreativas, así como de otros establecimientos abiertos al público.

Basta con leer el preámbulo de este proyecto para comprender lo que le importamos los vecinos al Gobierno regional:

“… se considera oportuno fijar unos marcos horarios que revitalicen la pujanza de la oferta cultural, gastronómica y de ocio en general de nuestras empresas, tan vinculadas a las señas de identidad turística de nuestra Región”.

“… se ha considerado de interés preferente contemplar una ordenación que permita un nuevo impulso de implantación de nuevas inversiones que favorecerán una sugestiva oferta dentro del mercado turístico madrileño, sin menoscabo de otros intereses, igualmente prevalentes, como son la protección de la tranquilidad y el descanso del entorno vecinal”.

“… se procede a adecuar los procedimientos de ampliación o reducción de horarios de los locales y establecimientos a la nueva realidad social, a las exigencias generales de emprendimiento de la industria del ocio y hostelería en la Comunidad de Madrid”.

“… acomodando dicha previsión normativa a las demandas que relama el sector turístico y de ocio hostelero”.

“… por ese motivo se recoge un horario favorecedor de los momentos que se viven en esos actos sociales”.

“… la iniciativa normativa está justificada por la razón de la adaptación necesaria de los horarios a las necesidades del ciudadano consumidor de ocio”.

En suma, nuestros derechos reducidos a intereses de segunda y nuestros barrios convertidos en productos de consumo.

La Plaza de la Paja

2016

La Plaza de la Paja ya no es una plaza; es una sala de conciertos y un bar al aire libre sin que el Ayuntamiento y Hosteleros quieran poner remedio.

¿Es una plaza o un aparcamiento?, ¿Es una plaza o un salón privado en el que hacer negocio?, ¿O es acaso es una discoteca o un salón de conciertos?

Una plaza verde que no se puede atravesar por el acoso de las terrazas, por la carga y descarga en zonas prohibidas y por los músicos que impunemente tocan con una amplificación como si estuvieran dando un concierto en un estadio de futbol.

En la esquina de la Plaza de la Paja con Redondilla hay una clara señal de prohibida la circulación a todo tipo de vehículos, excepto los autorizados, que no son otros que los de bomberos ambulancias y policía, y sin embargo cada día entran en la plaza decenas de vehículos que no solo estacionan en mitad de la Plaza sino que se pasean por ella a su antojo.

A las ocho de la mañana comienza el trajín y no cesa en todo el día. Inauguran el aparcamiento los repartidores que sirven a los negocios de hostelería de la zona, no solo de la plaza, sino de las calles aledañas. Y eso que hay estacionamientos para carga y descarga a menos de 50 metros de la plaza. Entran apresurados poniendo en peligro a los paseantes, perros y cualquier ser viviente que ocupe la plaza, porque cuantas veces han menoscabado la integridad de los pocos árboles que allí habitan. Y por si fuera poco que aparquen y circulen en zona prohibida, muchos de ellos dejan los motores encendidos durante su estancia que a veces supera con mucho los veinte minutos. La carga y descarga en la plaza no cesa en todo el día.


Plaza de la Paja: carga y descarga durante todo el día…
… y la noche

Pero no solo infringen la ley los repartidores, muchos vehículos privados toman la plaza como aparcamiento, y es habitual ver una ristra de motos cortando el paso, dejando charcos de grasa y haciendo peligrar la integridad de las personas, porque al estar la plaza en pendiente, más de una vez alguna moto ha caído al suelo. Además, hay ciudadanos, si es que merecen tal nombre, que acuden a tomarse una copita o cenar, y no encontrando aparcamiento legal, deciden aparcar en plena plaza, y tomarse lo que les plazca vigilando su vehículo por si llegase la policía, algo que ocurre en contadas ocasiones.

Los perjuicios de este tráfico en la plaza son incontables:

Ruido, no solo de los motores, sino de las actividades de carga y descarga. Y hay que hacer especial mención al estruendo que arman las motos, que tras estar apagadas necesitan ser calentadas mientras sus dueños acaban las conversaciones pendientes o se ponen el casco con parsimonia, para luego arrancar y abandonar la plaza, Costanilla abajo, haciendo reventar las ventanas.

Contaminación, algo evidente, pero habría que preguntarse ¿por qué, por qué los repartidores dejan los motores encendidos, ¿qué falta de empatía y conciencia les hace tener el motor encendido debajo de los balcones donde vive gente? ¿Por qué el Ayuntamiento considera que las motos que dejan una peste a benceno insoportable, pueden circular a su antojo?

Descomposición de la plaza: cuando frente a un banco dónde se sienta un vecino mayor a descansar y tomar el aire se detiene una furgoneta, ni el banco, ni la plaza, ni el aire cumplen sus funciones. Los ciudadanos acuden a una plaza y se encuentran en medio de un garaje pestilente.

Peligro para las personas: otra vez nos encontramos con el ciudadano que pasea despistado por una plaza o el niño que juega con su perro, cuando un vehículo se interpone en su camino.

¿Es una plaza o un salón privado en el que hacer negocio?

La plaza de la paja apenas supera los 2500 metros cuadrados pero tiene 12 locales de hostelería, cada uno con su correspondiente terraza, que ocupan mucho más de la mitad de la Plaza y casi toda la zona arbolada de la misma. Desde la nueve de la mañana hasta la una de la noche en verano y parte de primavera y otoño, y hasta la once y media durante el resto del año, la plaza está dedicada por entero a la hostelería. Y decimos por entero, porque para el paseo solo queda el desértico terraplén de en medio.

La plaza de la Paja: un bar al aire libre

Para disfrutar de la Plaza los ciudadanos han de pagar el peaje de una copa o lo que se tercie, porque los bancos, inclinados e incómodos, son muy pocos, muchos de ellos sin una mala sombra que los proteja, y además en ellos te arriesgas a que te pongan una furgoneta delante que te haga chupar el humo de su tubo de escape.

En estas condiciones aquellos que viven en los edificios que conforman la plaza, tienen una vida con una calidad muy inferior a los demás vecinos de Madrid, resulta imposible conciliar la desesperada necesidad de Madrid de vivir de la hostelería, a falta de imaginar otros medios, y la vida de la gente.

Sí, la hostelería de la Plaza produce beneficios: para el hostelero, para sus trabajadores y para todos esos ciudadanos que tras tomarse una copita se van a dormir a calles tranquilas o a hoteles insonorizados. Y también para las arcas municipales.

Pero produce graves perjuicios: para los que habitan los edificios de Plaza que están sometidos al ruido insoportable que produce la aglomeración de gente en las terrazas, que hace imposible conciliar el sueño o hacer una vida normal sin tener que encerrarse a cal y canto dentro de las casas.

¿O es acaso una discoteca o un salón de conciertos?

Antes de la pandemia, muchos locales de la plaza, solicitaban a sus clientes con carteles, que no colaboraran con los músicos callejeros para no agravar el problema de ruido de la Plaza. Pero tras la pandemia y esa histeria colectiva por celebrar no se sabe qué, desde todas partes se aviva a los músicos, para que actúen a su antojo y en contra de la ley.

La plaza de la Paja: una sala de conciertos

Esta plaza fue ejemplo de acuerdos entre vecinos y hosteleros en la que se llegó a un acuerdo de máximos con un número de mesas por local y un horario reducido. Este acuerdo saltó por los aires cuando fueron llegando distintos concejales. Las peticiones de los hosteleros empezaron por aumentar 1 hora el horario nocturno para “acabar las cenas” se les concedió y ahora ya dan hasta “las copas”. El número de mesas estaba limitado al número de locales existentes en el momento con el fin de poder seguir viviendo en la Plaza. Actualmente hay el doble de mesas que hubo en el momento de los acuerdos entre Junta de Distrito, hosteleros y vecinos. ¿Dónde queda esa convivencia que tanto pregonan los hosteleros?

No se trata de demonizar a los músicos, se trata de que hace dos años, vecinos y músicos consensuaron una ordenanza que contemplaba los derechos de todos, y que se prohibió el uso de amplificadores, para preservar los derechos de los vecinos, y no hay razón alguna para que ahora se de libertad para conculcar la ley y atentar contra los vecinos.

Todos los días a media tarde hay concierto con inmensos amplificadores, cajones negros y grandes, que la policía parece no saber qué son.

Resulta sangrante que se castigue la Plaza de la Paja del modo que se hace: desde la ocho de la mañana la carga y descarga, luego se suman las terrazas y a media tarde se añaden los músicos, en grupos y con amplificadores.

Sería muy fácil cortar esta costumbre que se está imponiendo, bastaría que una sola vez la policía incautase los amplificadores para que los músicos incumplidores respetaran la ley.

Lo que no es: un espacio verde, en el que el barrio pueda relacionarse y vivir al aire libre, algo que ha sido consustancial a Madrid, mucho más que lo es la hostelería.

Es sorprendente que la plaza dependa de parques y jardines. Porque en esta plaza, conformada por edificios de viviendas, un instituto que carece patio, y una de las capillas más antigua de Madrid que visitan cientos de turistas, solo tiene 29 árboles que además sirven principalmente como parasoles para las terrazas. El resto del espacio es un erial, sin un arbusto, ni una flor, ni una fuente y ello pese a la imperiosa necesidad de verde de Madrid y en concreto del Centro, pese a las ineludibles necesidades medioambientales de la ciudad y de los vecinos de la plaza.

La plaza de la Paja ahora no es una plaza es un aparcamiento, un garaje pestilente, un espacio para hacer negocio, un maremoto de ruido y contaminación, con vecinos desesperados que no duermen y se ahogan de ansiedad y al Ayuntamiento parece no importarle. Es hora de que escuche y adopte soluciones.

Nuestro sufrimiento, empleado como pasatiempo televisivo

Ayer acompañé a Susana a la entrevista de televisión sobre los músicos callejeros. Era en directo. El entrevistador había seleccionado a un grupo que estaba tocando en Sol, dos guitarras, tres cantantes, micrófono, amplificador y un inmenso altavoz. Mientras esperábamos, vimos como llegaba la policía municipal, les pidieron la licencia, que tenían, y los polis se dieron por satisfechos. Que la ordenanza no permita ni el micrófono, ni el amplificador, ni el altavoz, les importó tres pimientos. Se fueron.

Después de mucho sol y mucho esperar, empezó la entrevista, primero a los músicos. El cantante principal, un argentino llamado Nicolás, estaba empeñado en contar que no entendía por qué a un colega español no le habían dado licencia, pero la cosa no iba de colegueo, no del suyo, así que le cortaron y nos llamaron a nosotras. Ya nos habían avisado que apenas disponíamos de segundos para hablar, así que hicimos lo que pudimos a toda pastilla hablando de derechos, atentado contra la salud, estrés, ansiedad, madrileños de primera y de segunda, autoridades que llaman a la fiesta y la rebeldía, y mientras nosotras hablábamos l@s tertulianas – sin que nosotras pudiéramos rebatirlas porque no las oíamos – se despachaban diciendo que eran solo unas horas por la tarde y que vivir en el Centro tenía muchas ventajas en aras de las que teníamos que soportar los inconvenientes, como el ruido por unas horitas de nada. La entrevista acabó con Nicolás diciendo que nos quería, a nosotras y a todos, y que ellos tocaban para que Madrid superase el estado pánico en que se encontraba. Y ahí se acabó todo.

Lo único que sacamos fue frustración y cabreo. Sencillamente nos había llamado, no para escucharnos, sino para tener una cuña con la que darle al pico y sostener las tesis del Ayuntamiento: que el ayuntamiento se preocupa por todos y que los vecinos somos unos quejicas y, en definitiva, los malos de la película. Nos utilizaron, como hacen todos los medios en favor del poder que les sostiene.

La cuestión no es cuántas licencias concede el Ayuntamiento a los músicos, ni cuántas horas prevé la ordenanza que pueden tocar. Da igual lo que diga la norma si las autoridades no están dispuestas a cumplirla. Lo cierto es que el Ayuntamiento utiliza la ordenanza para dar una imagen de cumplimiento y respeto a los derechos de todos, y se la pone por bandera, pero la incumple de forma deliberada y sistemática.

Hace años un alcalde dijo, a colocarse y al loro, y todos nos cocimos como locos. Fueron años en los que cientos de jóvenes murieron por abuso de las drogas. Ahora el alcalde de Madrid y la presidenta de la Comunidad, llaman a los ciudadanos para que festejen sin límites, consuman en los bares sin importar las consecuencias, e infrinjan las normas como a cada cual le de la gana, que es lo que están haciendo ellos con las ordenanzas, la normativa estatal y europea. Y luego, indignados, tiemblan cuando unos adolescentes agreden a los municipales porque les quieren cortar la fiesta.

No encuentro las palabras para describir este Madrid post pandemia. Si durante el confinamiento, pese a todo, hubo momentos en que Madrid me pareció un lugar bello y solidario, ahora las palabras no me asisten, solo me vienen imágenes de otros tiempos: madrileños enloquecidos enarbolando banderas y guadañas, contra el francés, contra el vecino, contra el que no piensa como él… eso es lo que parece nuestro barrio, y aunque pueda parecer exagerado es lo que siento que están fomentando las autoridades: abajo la convivencia, abajo la norma, haz lo que quieras, gasta o gana, haz dinero, no importa a quien te lleves por delante.

Y a pesar de todo, no culpo a los madrileños. Durante el confinamiento no hablaba el poder, fuimos nosotros, los ciudadanos, los que nos movimos por nuestros propios impulsos, los que nos ayudamos unos a otros. Ahora el poder utiliza el agotamiento que sentimos, nos azuza y manipula. No nos consideran personas, solo instrumentos para su macabro juego.

La España que madruga no podrá dormir, con PP y Cs de copas a Vox en grito.

NOTA DE PRENSA (24/02/20)

COORDINADORA DE ASOCIACIONES DE VECINOS MADRID CENTRO

PP, Ciudadanos y Vox atentan contra la salud de los vecinos de Centro.

Las entidades del Distrito Centro no descartan emprender acciones legales contra Almeida, Villacis y Ortega Smith.

El Gobierno municipal del Ayuntamiento de Madrid (PP y Ciudadanos), alentados por el grupo municipal de Vox, han aprobado en pleno un retroceso en los derechos fundamentales de los ciudadanos de Madrid Centro. “PP, Ciudadanos y Vox llevan meses demostrando que los vecinos de la zona centro no les importamos. En contra de la política de otras grandes urbes europeas que protegen a los ciudadanos que residen en zonas emblemáticas, en Madrid las autoridades locales se dedican a ningunearnos, recortar nuestros derechos y atentar contra nuestra salud. Lo aprobado en el Pleno el día 23/02, supondrá, que en un distrito ya muy saturado y de alta contaminación acústica, podrían abrirse más bares, discotecas, eventos con superación de decibelios, terrazas hasta las 2:30 am en aparcamientos en superficie, en una zona donde además ya éstos son muy escasos para los residentes. En definitiva, como la verbena del pueblo, salvo que en el pueblo la fiesta dura una semana y aquí pretenden que no tenga fin.” explica Saturnino Vera portavoz de la Coordinadora de Asociaciones de Vecinos Madrid Centro.

El nuevo atentado contra los vecinos parte de la intención de derogar la Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE), la normativa que protege de los efectos nocivos que genera el ruido a la salud de los residentes en estas áreas, pretendiendo justificarlo con mediciones de ruido nocturno en periodos de toque de queda, donde no debería haber ruido. “El Gobierno de Madrid, que deberían velar por nuestros derechos, hace todo lo contrario, los recorta y elimina. Su clara intención es dejarnos sin sueño ni descanso. Y lo justifican en aras a un fraudulento apoyo a la economía”.

Las entidades formantes de la Coordinadora de Asociaciones de Vecinos Madrid Centro consideramos que la medida que ha iniciado el Gobierno de Madrid constituye un claro ejercicio de desviación de poder, dado que beneficia al sector del ocio nocturno frente a la salud de los ciudadanos. Todo ello, en un ejercicio de trilerismo político, intentando apoyarse en mediciones de ruido que ahora, por la pandemia, no son representativas, pero que, tomadas como base, tendrían un efecto permanente tan nocivo como inaceptable para los residentes del Distrito Centro.

La decisión del Ayuntamiento, además, vulneraría el principio de no regresión o principio de progresividad que rige en materia de derecho medioambiental y que impide a los poderes públicos rebajar los estándares de protección existentes. A sabiendas de estas limitaciones, de seguir con sus planes, los responsables municipales podrán incurrir en prevaricación, lo que lleva a las entidades del Distrito Centro poner el caso en manos de los tribunales.

Los ciudadanos del Distrito Centro reiteramos no estar en contra de la actividad hostelera. Todo lo contrario, apoyamos el ejercicio de su labor de forma responsable y respetuosa con el entorno y los vecinos. Lo que no vamos a tolerar es la manipulación política de nuestra salud a través de la eliminación de una ZPAE que lleva vigente desde 2019. 

ACIBU-SOS-MALASAÑAAVV CAVAS (LA LATINA), AVV CHUECA,

AVV ÓPERA-AUSTRIAS, AVV JUSTICIA, AAVV BARRIO LETRAS AVECLA, AVEPLAMA

Carta a los Reyes Magos: Salud, Vacunas y Solidaridad para todos

Queridos Reyes Magos de Oriente,

Como todos los años, pero esta vez tras uno muy especial, los vecinos del Distrito Centro y los de La Latina en particular nos dirigimos a vosotros con nuestra lista de deseos.

Tras unos largos meses en los que la mayoría de las personas se han hecho acreedoras de más premio que nunca, seguramente jamás os pedirán tan poco. Hemos aprendido que hay “pocos” (la salud) que significan mucho, y “muchos” que no significan nada.

Para la Asociación ha sido también un año especial. Sin dejar de lado nuestra faceta reivindicativa, durante el confinamiento nos tocó mostrar solidaridad con los que no tenían ya más recursos a causa de la crisis. También, estas Navidades, hemos organizado una recogida de juguetes que ha desbordado todas nuestras expectativas. Se ha demostrado que en el barrio hay vida, a pesar de que muchos quieren hacer creer que aquí no vive nadie.

Pero el coronavirus no sólo ha originado reacciones positivas. Ese sector con gigantismo que invade nuestro barrio ha seguido reclamando el sustento que su sobredimensionado organismo engulle insaciable. Afortunadamente, nuestros desvelos en años pasados para afianzar la ZPAE han evitado consecuencias mayores, observadas en otros distritos. Aún así, no hemos estado libres de ese afán liberalizador del actual Consistorio con el sector de la hostelería ni de la actitud insolidaria de muchos de los clientes que éste atrae y embriaga.

Por todo ello, este año os pedimos:

– Salud y vacunas para todos. También para aquéllos a los que les importa un bledo contagiar a los demás.

– Que la lección de solidaridad que cabe extraer de esta pandemia cale también en el Ayuntamiento y le capacite para ver la verdadera proporción entre las cosas.

Y ya está, que no es poco.

Atentamente,

Los vecinos de Centro-La Latina

Recogida solidaria de juguetes y libros infantiles

¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!

La respuesta ha sido tremenda. YA NO PODEMOS COGER MÁS JUGUETES.

Se han repartido a gente necesitada de todo Madrid. Hemos demostrado ser un barrio solidario y mucho más, en lugar de un abrevadero para tomar copas.

Nuestro agradecimiento a todos los que han colaborado y al grupo que se ha encargado de la recogida y distribución.

Encuesta sobre el Servicio Especial de la EMT

Muchas gracias

La Cava Baja no siempre fue un monopolio

Los vecinos de Centro muchas veces tenemos que escuchar frases como:

  • «El que viene a vivir al Centro ya sabe lo que hay».
  • «Aquí siempre ha habido bares y tabernas».
  • «En el centro de todas las ciudades hay ruido».
  • «Si no os gusta, marchaos a vivir a otro sitio».

Basta con alzar la vista para darse cuenta de que eso no es cierto: sobre UN piso de locales hay VARIOS pisos de viviendas. Es, por tanto, una zona residencial.

Tampoco hace falta llevar toda la vida en el barrio para haber sido testigo de la evolución del tipo de negocio que se da en los locales. Primero se produjo una proliferación masiva de bares, en detrimento incluso de los restaurantes, y ahora los pocos negocios de barrio que quedan se ven engullidos por la oleada turistificadora y son sustituidos por tiendas de conveniencia.

Si nos remontamos un poco más en el tiempo, con ayuda de los vecinos más antiguos, podemos elaborar mapas como el siguiente, de la Cava Baja, ahora sometida al monopolio casi exclusivo de la hostelería, y que anteriormente albergaba todo tipo de tiendas.